miércoles, 9 de enero de 2013

Vivimos a la altura de nuestras limitaciones, no de nuestras posibilidades



Aprovechando que se acaba el año, comienza uno nuevo y que muchas de las culturas y tradiciones milenarias se ponen de acuerdo en que comienza un nuevo ciclo , puedan que tengan razón o no, no lo se lo que si se es que las cosas cambian cada vez más rápido y por más que nos empeñemos y nos resistamos en que las cosas y el mundo no cambien, no lo podemos evitar, -puedes pretender no cambiar cuando todo tu alrededor esta en continuo cambio? ya que si hay una constante en esta vida es el cambio o la transformación como decía Einstein – la energía ni se crea ni se destruye se transforma- por lo tanto no caer en el error del anciano que enjuicia el presente con el criterio de ayer. Aprovecha este punto para que comiences un nuevo ciclo y no un nuevo año, cambies tú por una versión de ti mismo con más posibilidades y más flexible, actualizándola para plantear y lograr nuevos retos.

La propuesta del titulo y de este escrito es que comencemos el año de manera diferente, para convertir nuestra manera de ver en una mirada diferente, no para explorar nuevos territorios sino para mirar los territorios que ya transitamos de forma distinta a como lo hacemos habitualmente. Mayoritariamente las personas comenzamos el año con nuevos deseos, pero tendríamos que tener en cuenta que no conseguimos lo que deseamos sino  que logramos lo que somos, por lo tanto para tener más de lo que queremos tenemos que ser más uno, curiosamente para ser más uno, hay que vivir a la altura de las posibilidades y lo que hacemos frecuentemente es llevar una vida a la altura de nuestras limitaciones, antes de nada hay que comprender porque sucede esto. Nuestro cerebro esta constituido por diversas capas y partes, una de esas capas es el cerebro primitivo o reptil, lo que busca principalmente este cerebro es seguridad y control, esta atento por lo tanto a las amenazas o mejor dicho a lo interpretado como amenazas, memoriza y tiene presente el dolor y tiende a la rutina, la cuestión es que esto servía y te salvaba la vida en tiempos de las cavernas, lo que pasa es que antes el reto era sobrevivir como mucho 40 años  ahora que vivimos de 75 a 100 años el desafío es distinto, el reto es ser feliz y el comportarse de esa manera te lleva a la insatisfacción y por tanto a la infelicidad. Es este el hecho de que vivamos en un standard de vida es decir unos niveles de dolor y de rutina, hasta que algo o alguien no supera tu tolerancia de dolor no decidiras cambiar y/o bien algo o alguien que te saca de tu ruina (de manera de pensar y/o hacer), no podemos desarrollarnos ya que nuestro potencial y las posibilidades están fuera de ese espacio conocido, de lo contrario vivimos en nuestros limites. Esto en la naturaleza ocurre solo  con nuestro cerebro, en la naturaleza las especies, las plantas, organismos, etc. crecen todo lo que pueden, fíjate un árbol crece todo lo que puede de manera natural, si fuera posible ponerle un cerebro humano se comenzaría a limitar pensando probablemente, que pensarían los demás y si no esta bien ser un roble ya que me han dicho que tengo que ser un arbusto o si crezco más podría perder el equilibrio y me caigo, y si me rompo una rama, etc.. . El cambio de vivir en nuestras posibilidades y no en nuestras limitaciones, no solo se puede hacer por impacto sino también por discernimiento, como decía Mario Alonso Puig “no podemos todo pero podemos más de lo que imaginamos” dándose cuenta de todo esto, decidir ser, comprometiéndose y responsabilizarse de uno mismo, aceptando el dolor que conlleve y los peajes a pagar, hará que cambies tu relación con el mundo y contigo .
“La mayoría de personas que ansían la libertad, no quieren renunciar a sus cadenas”
Jalil Gibrán
Entonces podemos cambiar el modo en que funcionamos?
COMO CONVERTIR TUS LIMITACIONES EN RECURSOS  
Continuara  ……

jueves, 3 de enero de 2013

Por qué nos agarramos a la excusa

¿Por qué hay tantas personas a las que les cuesta asumir las responsabilidades o las consecuencias de lo que hace o deja de hacer? Los expertos explican que justificarse es una reacción habitual. Pero se puede ir cambiando

Jordi Jarque - La Vanguardia

Cualquier excusa es buena, o no, pero al menos parece que de manera inmediata tranquiliza la conciencia de quien la usa. ¿Quién no ha dicho que llega tarde al trabajo por el tráfico o a una cena con unos amigos asegurando que nunca ha sido puntual? Permite no sentirse tan culpable o responsable de lo que se ha hecho o dejado de hacer. Las excusas también se utilizan en situaciones que son desbordantes: “Yo no puedo hacer nada para paliar el hambre en el mundo”.
No todo el mundo lo contempla de la misma manera. La actriz Hilary Swank, quien ya tiene en su haber dos Oscar, afirma que uno mismo se pone excusas para no cambiar situaciones, para no hacer nada. “Siempre se tienen dos opciones: decir que el mundo no tiene remedio y no hacer nada o luchar por mejorarlo”. Lo tiene muy claro sobre todo al encarnar en Escritores de la libertad a la maestra Erin Gruwell, una historia real que sucedió en Los Ángeles hace unos veinte años, cuando estaban al alza los disturbios raciales alimentados por las imágenes repetidas hasta la saciedad de Rodney King golpeado por la policía cuando ya estaba esposado. Para estrenarse como maestra, la joven Erin Gruwell escoge ir a una de las escuelas más conflictivas, en un barrio convertido en gueto, donde algunos alumnos acuden a la clase con armas. Las circunstancias son perfectas para que todo siga igual y los niños persistan en el fracaso escolar. Los profesores veteranos no están por la labor. Su excusa es que hagan lo que hagan estos chavales seguirán insertados en la espiral de violencia y delitos. Pero el idealismo y la tenacidad de Erin Gruwell tiene suficiente consistencia como para que estos chicos sentenciados recuperen su dignidad y su autoestima. En un barrio donde casi nadie va a la universidad consiguió que 150 alumnos suyos se matricularan en las universidades.
La historia de Erin Gruwell es real y aun así sorprende y es calificada de excepcional. Las excusas no iban con esta maestra. Pero para muchas personas, sí. En mayor o menor grado se buscan justificaciones de lo que pasa o deja de pasar. Según los expertos se trata de un mecanismo habitual porque la persona saca un beneficio de ello. Son denominados beneficios secundarios. ¿Cómo nos beneficia? ¿Nos beneficia realmente?
Para Noemí Suriol, fisioterapeuta, directora del centro Lenoarmi, de Barcelona, se produce una tensión dentro de la persona entre lo que debiera hacer y lo que decide no hacer. “Esta distancia crea incomodidad, molestia, angustia, es internamente activa como un Pepito Grillo. Ante esta molestia aparecen los pretextos para apaciguar esta incomodidad interna. En primera instancia nos beneficia. Pero se trata de un beneficio secundario que al final perjudica nuestro desarrollo”. Robin Sharma, abogado, experto en liderazgo y desarrollo personal, autor de, entre otros libros, Las cartas secretas del monje que vendió su Ferrari (Grijalbo), también constata esta querencia por los pretextos. Explica que hay cierta tendencia a creer que no se puede hacer nada ante hechos que nos sobrepasan, como llegar tarde al trabajo por un accidente de tráfico que ha producido un atasco descomunal. Pero el colmo de los colmos es asegurar que se llega tarde por ese accidente sin que realmente haya tenido lugar. Es el miedo a asumir responsabilidades.
Excusas hay muchas y muy variadas. “Todos tenemos una gran caja de excusas, como una caja de herramientas mental que todos llevamos y utilizamos para ser coherentes”, afirma Noemí Suriol. Hay quien se ha entretenido en recopilarlas. Francisco Gavilán es un psicólogo que en su libro Yo no he sido (Zenith) ha recogido las más habituales. Desde las más recurrentes como “ya lo haré mañana” y “todo el mundo lo hace”, hasta los más inquietantes como “la televisión me impulsó a hacerlo”. Este experto asegura que la excusa es un autoengaño, una especie de táctica para sobrevivir, para salvar la autoestima o la imagen que se proyecta hacia los demás. En este sentido se siente amenazado y opta por justificarse en lugar de asumir sus limitaciones en un momento dado, sus equivocaciones o su inconsistencia. Es difícil reconocer los errores que uno pueda cometer.
Hay problemas para asumir responsabilidades y hay quien afirma que realmente nadie puede asumir nada porque el ser humano es reo de su biología, de su sistema hormonal o de su código genético. No es extrañar que el determinismo existencial, según el cual el libre albedrío es una quimera porque el ser humano está sujeto a meros mecanismos, guste a tanta gente, asegura Michael Gazzaniga, psicobiológo, director del Sage Center para el estudio de la mente de la Universidad de California, autor de, entre otros libros, ¿Quién manda aquí? El libre albedrío y la ciencia del cerebro (Paidós). “Soy como soy y no puedo cambiar. Es mi temperamento o mis genes y ante eso no puedo hacer nada”. Para este neurocientífico vivimos en una especie de contradicción. Lo explica de la siguiente manera: “La vida diaria plantea el siguiente enigma: todos nos sentimos agentes conscientes, todos nos sentimos como una unidad consciente, capaces de actuar con determinación y libres de tomar decisiones de casi cualquier tipo. Al mismo tiempo, todo el mundo comprende que somos máquinas, aunque máquinas biológicas, y que la leyes físicas del universo son aplicables a ambos tipos de máquinas, tanto a las artificiales como a las humanas. ¿Ambos tipos de máquinas están completamente determinados o tenemos la libertad de elegir lo que deseamos?”.
Michael Gazzinga lleva este determinismo hasta sus últimas consecuencias y recuerda que Richard Dawkins, etólogo y autor de, entre otros libros, El gen egoísta, que popularizó a dicho científico, “representa la perspectiva de la ciencia ilustrada que sostiene que todos somos máquinas mecanicistas determinadas, afirmación que conlleva consecuencias inmediatas. Si es así, ¿por qué castigamos a los individuos que muestran una conducta antisocial, si no pueden hacer otra cosa? ¿Por qué no los vemos como personas que necesitan una reparación? Al fin y al cabo, si el coche se estropea y nos deja tirados, no la emprendemos a patadas contra él?”. Michael Gazzinga explica que entre los neuro­científicos cada vez tienen más asimilado que el cerebro no es estático, sino dinámico. Se habla de la plasticidad del cerebro y su capacidad para modificar sus conexiones neuronales incorporando nuevas habilidades.
También puede ser una cuestión de creencias sobre lo que se puede hacer o no relacionado con este libre albedrío. Pero sea creencia o no, puede determinar resultados como han constatado otros investigadores. Kathleen Vohs, psicóloga, profesora de Marketing de la Carlson School of Management de la Universidad de Minnesota, y su colega Jonathan Schooler, investigador del departamento de Psicología de la Universidad de California, demostraron en un experimento publicado hace cuatro años en la revista de la Association for Psychological Science, que la gente actúa mejor cuando cree que tiene libre albedrío y puede decidir por sí misma sin poner excusas. Tras analizar una encuesta efectuada en 36 países, donde se observaba que más del 70% de los encuestados se consideraba dueño de su propia vida, y otros estudios donde se demuestra que la transformación del sentido de la responsabilidad del individuo puede alterar su conducta, Vohs y Schooler decidieron comprobar empíricamente si la gente trabaja mejor cuando cree que tiene la libertad de elegir sus actos. Llegaron a la conclusión de que “la incredulidad en cuanto al libre albedrío produce la sensación de que el esfuerzo es inútil y, por tanto, no vale demasiado la pena tomarse la molestia de cambiar”. Michael Gazzinga añade que, en ese sentido, “la gente prefiere no tomarse la molestia, en forma de autocontrol, porque es algo que requiere esfuerzo y consume energía”.
Tanta energía puede consumir que a la mente no le resulta difícil producir más y más excusas. Aunque tampoco es gratis. Noemi Suriol explica que la mente puede engañar al cerebro, pero lo tiene difícil para engañar al cuerpo. “Al cuerpo no se le puede engañar, y el cuerpo no engaña. Cuando mentimos, se producen una serie de reacciones fisiológicas más o menos sutiles que van acumulándose por el hábito. Pequeñas contracciones musculares o cambios en la tensión, entre otras, pueden ser identificadas por personas entrenadas en la observación o por personas intuitivas. Cuando mentimos, el cuerpo manifiesta esta discrepancia. Para la salud integral de las personas, la verdad es saludable. Acercarse a la verdad (objetiva) es un esfuerzo que provoca salud. El hábito de buscar excusas o pretextos está muy arraigado en la mente humana y busca la seguridad del individuo. Hay que hacer un esfuerzo para ser congruente y un atajo son las excusas y los pretextos, que son unas cate­gorías sutiles de la mentira. Las pequeñas mentiras cotidianas pueden hacer la vida cotidiana aparen­temente un poco más soportable, pero es un camino engañoso”.
Aún así hay situaciones y situaciones, como explica Assumpció Salat i Bertran, psicóloga, directora del centro de psicología Àgape. Esta experta constata que una de las cosas que más cuesta “a muchos seres humanos es asumir totalmente la experiencia de sus vidas. La diferencia entre la persona que pone excusas y la que no lo hace es que a la primera le cuesta mucho asumir el resultado de sus elecciones y decisiones, mientras que la segunda es una persona responsable capaz de asumir los resultados de todo aquello que hace o dice”. Esta experta explica en qué situaciones generalmente hay una tendencia a poner excusas.
“Primero, ante aquello sentimos”. Comenta que en vez de asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos ponemos excusas y culpabilizamos a los demás o al entorno de lo que sentimos. “Los sentimientos es algo que producimos nosotros mismos en nuestro interior al alimentar nuestra emociones que serían puntuales con pensamientos que las engordan y las nutren”.
En segundo lugar, esta experta afirma que se ponen excusas ante los errores. “Tendemos a veces a no reconocerlos y a justificarnos o poner excusas para no asumir las consecuencias de nuestro error”.
En tercer lugar, “ante nuestros acuerdos con otras personas o entidades”. Assumpció Salat i Bertran afirma que cuando se llega a un acuerdo con alguien y luego por alguna razón ese acuerdo no se cumple, “tendemos a poner excusas para no asumir nuestra responsabilidad, el ejemplo típico es el de llegar tarde a una cita (acuerdo), enseguida ponemos excusas y justificaciones para no tener que pasar por la vergüenza o el miedo a admitir nuestra responsabilidad”.
Y por último, “ante comportamientos o errores de otras personas, tendemos a poner excusas para salvarlos o para que no asuman ellos las consecuencias y la responsabilidad de sus actos o errores”. Assumpció Salat quiere remarcar que, a la larga, las excusas restan efectividad y eficiencia en nuestra vidas, nos roban también la energía por la incoherencia interior que producen. “Por todo ello, para librarnos de las excusas y justificaciones hemos de tener siempre muy presente que nadie ni nada nos manipula. Nos pueden amenazar, pero nunca manipular, ya que todo lo que pensamos, decimos y hacemos siempre lo acabamos decidiendo nosotros mismos. Ser consciente de esto, y entrenarse en practicarlo es todo un trabajo de autoconocimiento”.
Pero no es fácil. Noemí Suriol recuerda un proverbio árabe: “Quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no quiere hacer algo encuentra una excusa”. Esta experta propone modificar un poco esta frase para incorporar también el concepto pretexto: “Quien quiere hacer algo (indebido) encuentra un pretexto, quien no quiere hacer algo (que debiera hacer) encuentra una excusa”. Marcelo Berenstein, director de Emprendedores News y autor de 201 mensajes para emprender y liderar, recoge la historia de un maestro que llevó al alumno a una granja muy pobre donde todos vivían de lo poco que obtenían de su vaca. “Sorpresivamente el maestro mató a la vaca y se fue con el alumno, quien quedó acongojado y perplejo por su acción. Al año ambos regresaron. En la granja se respiraba prosperidad. La vaca había sido la excusa con la que justificaban su fracaso, no hacían nada y se conformaban con su situación”.
Marcelo Berenstein comenta que quienes ponen excusas pueden ser identificados como pesimistas. Y hay quien justifica el pesimismo asegurando que son realistas frente a los optimistas. ¿Quién es más realista? Qué más da. “Ambos logran, para bien o para mal, aquello en lo que creen. Un optimista hace lo que un pesimista impide”, asegura Marcelo Berenstein. Para quien quiera identificar qué tipo de excusas utiliza en su vida, este experto ha hecho una pequeña lista de vacas. Vacas justificadoras: hay quienes están peor, odio mi trabajo pero gracias a que lo tengo, al menos tenemos para comer. Vacas inocentes: lo que me pasa es genético, o a mi nadie me apoya. Vacas de falsas creencias: se es esclavo de lo que se tiene. Vacas paralizantes: recién empiezo algo nuevo cuando estoy absolutamente seguro. Vacas filosóficas: unos nacen con estrellas y otros nacen estrellados. Vacas de autoengaño: lo importante no es ganar sino competir.
Los expertos aseguran que la manera de eliminar las excusas es sencillamente asumir al 100% la responsabilidad de los errores o de las cosas que dejan de hacerse bien. No es tan fácil porque también requiere dejar de culpabilizarse de manera castrante. Y la culpa y los miedos al cambio todavía pesan demasiado.

Jordi Jarque - La Vanguardia

viernes, 23 de noviembre de 2012

Anatomía de la autoestima



Anatomía de la autoestima
Podemos decir que detrás de problemas como tendencia a la depresión, ansiedad, a establecer relaciones, a expresar necesidades o anteponer las de los demás, dejarse atropellar por los demás, a la dependencia económica - afectiva - laboral, etc. habitualmente se esconde un problema de baja autoestima (hoy no hablare de problemas de una alta autoestima aunque nada se parece más a un complejo de inferioridad que un complejo de superioridad, formas diferentes fondo común ), es uno de los primeros elementos que se resiente antes de desembocar en algo más grave, lo cual no quiere decir necesariamente sea siempre tenga que ser así. Por lo tanto que es la autoestima?  Que es lo que la deteriora?  Se puede trabajar?.
La autoestima es la percepción y atribuciones (de nuestra imagen y  capacidades) que hace uno de si mismo (pensamientos, sentimientos y acciones) o dicho de otra manera la capacidad que tiene una persona de valorarse, quererse y aceptarse a si mismo.
Que es lo deteriora el sentirme competente y merecedor? que fomenta el sentimiento de inapropiado o no merecedor?
-Una practica que muchas veces hacemos inconscientemente es compararnos, comparamos los que tenemos o hacemos con lo que tienen o hacen los demás, nuestra imagen con los cánones de belleza establecidos o con la persona de al lado, lo ideal con lo real, etc. Si no tuvieras con que o con quien compararte entonces serias más alto o más bajo que quien? más rápido o más lento que quien?  más inteligente o menos que quien?, estas cosas dejan de tener sentido. No tiene sentido comparase ya que cada uno de nosotros tenemos diferentes capacidades i discapacidades, fortalezas y debilidades, tenemos un conjunto de características únicas que nos conforman y nos habitan, por lo tanto la única comparativa que sirve es la que se hace con uno mismo y ver como uno va evolucionando a lo largo del tiempo.
-De la necesidad de aceptación y reconocimiento surge el miedo al rechazo, es precisamente ese miedo el que hace que antepongamos quien soy a quien debo ser para ser aceptado y las necesidades de los demás a las nuestras. Recuerda una cosa, hagas lo que hagas el 50% de la gente no le caerás bien.                                                    
De este mismo miedo surge también la dificultad de establecer límites i de atender las propias necesidades i valores, es importante expresar i manejar de forma conveniente, sentimientos i emociones, sin hacerse daño ni culparse.
-Auto etiquetarnos,  por ejemplo si cometo un error me etiqueto como fracasado, tonto, torpe,  etc.  Etiquetarnos con lo que hacemos o logramos nos cierra posibilidades, nos limita y peor aun no es cierta, ya que una etiqueta no es la persona de igual manera que la palabra agua no moja.
Como puedes trabajar tu confianza personal:
1.   No te compares. Recuerda no hay otra como tu, solo puedes compararte contigo mismo.
2.  Asertividad. Atenta a tu dialogo interno ni te agredas ni te culpes y también a tu manera de demandar y defender tus necesidades.
3.  No esperes que todo el mundo te acepte. Es sencillamente imposible.
4.  Revisa tu relación con el error. El error o el equivocarse provoca emociones como la frustración y/o la culpa, (recuerda el error es solo un resultado no deseado , que es parte de proceso y que guarda un valioso aprendizaje)
5.  Atrévete a hacer aquello que temes. A lo que sea que tengas miedo, hazlo de manera progresiva, que el miedo sea una llamada a prepararte. Recuerda una vez te enfrentes a ese temor,  pase lo que pase así estará bien
6.  Responsabilízate de tu vida. De la consecución de los propios deseos, de las elecciones que haces, de las consecuencias de sus actos y de los comportamientos que asumes frente a las demás personas.
Y para acabar ten en cuenta dos cosas:
Que en la medida que aceptes todas tus partes que te conforman como ser, también lo hará la manera de quererte y respetarte.
Nadie puede herirte emocionalmente sin  tu consentimiento, nadie te ha herido emocionalmente sin tu consentimiento.

Sólo si me siento valioso por ser como soy, puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero.                            
Jorge Bucay

lunes, 8 de octubre de 2012

No hay Problemas, hay Procesos



No hay Problemas, hay Procesos

Se que es un titulo algo provocador pero piénsalo bien, mira hacia atrás y veras que todo lo que te ha sucedido, todo lo que has vivido como un problema, todo lo que has hecho, con las personas que te has relacionado, han servido para ser en quien eres hoy, puedes estar agradecido o no, puede que haya conflicto o no pero hay un punto en el que cuando puedes reconciliarte y aceptar esa realidad puedes sentirte agradecido, porque todo ello ha contribuido para ser la persona que eres hoy, ahora mirando hacia atrás ves que todos esos puntos tienen relación y que recobra  sentido, ahora puedes ver que de aquel despido que lo viviste como un problema y con resentimiento ha servido para crear tu propio proyecto, gracias a la persona que te dejo conociste a la persona que esta ahora contigo o aprendiste a vivir sin dependencias o como aquella enfermedad cambio tu vida, etc. Lo vivimos como un problema porque no podemos ver la secuencia entera del proceso ya que estamos demasiado implicados en el mismo problema,  hasta que desde la distancia y  mirando la cuestión como un espectador puedes ver toda la película, todo el proceso y su sentido.

Alguien dijo que las dificultades son como trampolines que nos impulsan hacia delante, aunque muchas veces pasa que esas dificultades en vez de ser trampolines las convertimos en sofás, en los cuales nos instalamos, nos instalamos en la reactividad, en la queja y en el sufrimiento, son precisamente estos elementos los que no dejan continuar el proceso que conlleva toda dificultad.

-Estas viviendo un problema?

-Como lo sabes?,     permíteme explicarte un cuento:

Hace muchos, muchos años, en una  pobre aldea china, vivía un labrador con su hijo. Su única posesión, aparte de la tierra y de la pequeña casa de paja, era un caballo que había  heredado de su padre.
Un día el caballo se escapó, quedándose el hombre sin  animal para arar la tierra. Sus vecinos –que lo respetaban mucho debido a su honestidad y diligencia– acudieron a su casa para decirle cuanto lamentaban lo ocurrido. Él les agradeció la visita, contestando:

     - ¿Cómo podéis saber que lo que ocurrió ha sido una desgracia?
Una semana después, el caballo retornó al establo, pero no venía solo: traía una hermosa yegua como compañía. Al enterarse de esto, los habitantes de la aldea -alborozados, porque solo  ahora entendían la respuesta que el hombre les había dado–, retornaron a casa del  labrador, para felicitarlo por su suerte.

     - Antes tenías sólo un caballo, y ahora tienes dos. ¡Felicitaciones!– dijeron.
     - Muchas gracias por la visita y por vuestra solidaridad –respondió el labrador- ¿Pero cómo podéis saber que lo que ocurrió es una bendición en mi vida?

Desconcertados, y pensando que el hombre se estaba volviendo loco, los vecinos se marcharon, comentando por el camino “¿será posible que este hombre no entienda que Dios le ha enviado un regalo?”

Pasado un mes, el hijo del labrador, decidió domesticar la yegua. Pero el animal saltó de una manera inesperada, y el muchacho tuvo una mala caída, rompiéndose una pierna. Los vecinos retornaron a  la casa del labrador, llevando obsequios para el joven herido. El alcalde de la aldea, solemnemente, presentó sus condolencias al padre, diciendo que todos estaban muy tristes por lo que había sucedido. El hombre agradeció la visita y el cariño de todos. Pero preguntó:

     - ¿Cómo podéis vosotros saber  si lo ocurrido ha sido una desgracia en mi vida?
Transcurrieron algunos meses y el Japón declaró la guerra a China. Los emisarios del emperador recorrieron todo el país en busca de jóvenes saludables para ser enviados al frente de batalla. Al llegar a la aldea, reclutaron a todos los jóvenes excepto al hijo del labrador, que estaba con la pierna rota. Ninguno de los muchachos retornó vivo. El hijo se recuperó, los dos animales dieron crías que fueron vendidas y rindieron un buen dinero. El labrador pasó a visitar a sus vecinos para consolarlos y ayudarlos, ya que se habían mostrado solidarios con él en todos los momentos. Siempre que alguno de ellos se quejaba, el labrador decía: “¿cómo sabes si esto es una desgracia?”. Si alguien se alegraba mucho, él preguntaba: “¿Cómo sabes si eso es una bendición?” Y los hombres de aquella aldea entendieron que, más allá de las apariencias, la vida tiene otros significados.